Las plantas carnívoras también enfrentan peligros

Las plantas carnívoras han capturado la imaginación de las personas desde tiempos remotos. En el siglo XVIII muchos naturalistas ya las habían observado, pero fue Darwin el primero, que sepamos, en dedicarles un libro completo. Inicialmente, Darwin las denominó plantas insectívoras pero con el tiempo se ha descubierto que son capaces de atraer, capturar y digerir protozoos, muchos tipos de invertebrados e incluso vertebrados pequeños, como lagartijas, ranas y ratones (ej., Nepenthes attenboroughii). Con esta dieta, lo justo es denominarlas “carnívoras”.


Estas plantas, a diferencia de lo que muchos piensan, son principalmente autótrofas, totalmente capaces de realizar la fotosíntesis, pero completan sus requerimientos nutricionales con las presas que atrapan. Esta maravillosa adaptación ha surgido en entornos cuyos suelos son muy pobres en algunos nutrientes esenciales, como el nitrógeno y el fósforo, y que tienen un pH ácido, en torno a 6,5. Todas las estrategias depredadoras de las plantas carnívoras tienen un costo, de modo que solo en ciertos entornos reporta un beneficio neto presentarlas.


Adaptaciones depredadoras fantásticas


Las plantas carnívoras atraen a sus presas gracias a olores, néctares y colores de la misma manera que las plantas zoófilas atraen a sus polinizadores. Por ejemplo, las plantas que se alimentan de moscas poseen estructuras que desprenden olores similares a los de los alimentos que estas prefieren. Pero atraer es solo el primer paso, el siguiente es capturar. Esto requiere una serie de modificaciones anatómicas y fisiológicas muy interesantes.


La mayoría de las especies carnívoras presentan pelos y espinas en las estructuras de captura, muchas producen sustancias adhesivas muy potentes (ej., Drosera, Pinguicula), y algunas tienen hojas y tallos modificados como receptáculos de agua (ánforas o urnas) en los que se ahogan las presas (ej., Nephentes, Heliamphora, Sarracenia). Muchas de las especies que capturan a sus presas en trampas, como los receptáculos de agua, también poseen pelos y espinas en la superficie interna del reservorio. Los pelos se orientan hacia el fondo de la trampa de modo que ayudan a que la presa se deslice hacia abajo, como en un tobogán. Esta misma disposición dificulta la salida de las presas (ej., Gensilea, Sarracenia psittacina).



Unas pocas especies han desarrollado, además, mecanismos de captura activos como la torsión, el pinzamiento y el enrollado de las estructuras de captura (ej., Dionaea muscipula y Aldrovanda vesiculosa). Por ejemplo, en algunas especies del género Drosera, las hojas bivalvas se cierran como una almeja cuando la presa queda adherida a las gotas de pegamento que segregan. El movimiento de la presa tratando de escapar del pegamento estimula unas cerdas sensoriales en las hojas, lo que a su vez, genera un estímulo eléctrico que inicia el cierre de la hoja. El cierre no es instantáneo, toma algunos minutos según la especie, pero atrapa a la presa en una especie de jaula.


Las plantas carnívoras acuáticas del género Utricularia poseen un mecanismo de captura muy singular. Sus tallos poseen numerosas vesículas llenas de líquido que al ser estimuladas por el roce de una presa se abren y, gracias a una serie de cambios en la presión hidrostática en su interior, succionan el agua del exterior junto con la presa; literalmente se la tragan.



El proceso depredador termina con la digestión de la presa gracias a enzimas que son producidas por la planta. Sin embargo, algunas especies se asocian simbióticamente con bacterias que realizan la digestión, como en el género Darlingtonia. La digestión ocurre fuera de la planta que luego absorbe los nutrientes por difusión.


Un grupo diverso dentro de su singularidad


Se han descrito 16 géneros de plantas carnívoras en todo el mundo, siete de ellos representados por una única especie viviente (Aldrovanda, Darlingtonia, Dionaea, Drosophyllum, Cephalotus, Triantha y Triphyophyllum). Los géneros más diversos son Stylidium (318 especies), Utricularia (215 especies), Drosera (194 especies), Pinguicula (80 especies) y Heliamphora (23 especies). Además, se han descrito varias especies a partir del registro fósil (polen principalmente): 17 especies de Aldrovanda, 3 especies de Nepenthes, y 16 especies más de 8 géneros que solo se conocen gracias a sus fósiles.


Las plantas carnívoras vienen en todos los tamaños y formas. Drosera pedicellaris, una de las especies pigmeas del género, quizá sea la carnívora más pequeña, con apenas 1,8 cm de diámetro y 1,5 cm de altura. Por otra parte, Nepenthes attenboroughii es probablemente la más grande, con un tallos de 150 cm de altura, hojas de 30 cm y urnas de 30 cm de alto y 20 cm de diámetro.


Las podemos encontrar en todos los continentes, excepto en la Antártida; aunque existe una especie que lleva el epíteto antártica (Pinguicula antarctica) no vive en el continente sino en Tierra del Fuego (Argentina). Las plantas carnívoras son más abundantes y más diversas en los trópicos, especialmente en Australia, América del Sur y Asia (la diversidad en África es notablemente menor). En las zonas templadas se pueden encontrar algunas especies, incluso en las regiones circumboreales de Eurasia, en Alaska e Islandia, en Tierra del Fuego y Nueva Zelanda. Las plantas carnívoras se encuentran en ambientes húmedos, en turberas, pantanos y tierras ácidas siempre que sean húmedas pues, salvo algunas excepciones, no toleran la sequía. La gran mayoría son plantas terrestres pero existen algunas especies completamente acuáticas como Aldrovanda vesicularis (flotante libre).



Algunas especies tienen una distribución muy amplia, como Drosera rotundifolia, mientras que otras solo se encuentran en unas pocas localidades en una única región o país, como Triphyophyllum peltatum (Costa de Marfil, Liberia y Sierra Leona). Dionaea muscipula, otra especie única para su género, solo se encuentra en una porción de las costas de Carolina del Norte y Carolina del Sur (EE.UU.). Australia es el país con mayor diversidad de especies del género Drosera (casi 50% de las especies), y la mayoría de ellas se encuentran en una única localidad o en una región muy pequeña; por supuesto, el endemismo las hace muy vulnerables a la extinción.


Peligros al acecho


Una de las principales amenazas para la conservación de las plantas carnívoras es la destrucción y la perturbación de su hábitat, especialmente para las especies endémicas. Muchos de los ambientes ocupados por las plantas carnívoras están sometidos a alta presión antrópica para convertirlos en zonas residenciales, comerciales, agrícolas, acuícolas (acuacultura) o pastoreo. De hecho, el pastoreo excesivo es la principal amenaza para algunas especies como Pinguicula nevadensis (EN), una planta endémica de la Sierra Nevada en España.


La contaminación de las aguas debido a los desechos de zonas agrícolas y urbanas es también una amenaza. El bajo valor que por ignorancia se da a ambientes húmedos como las turberas y los pantanos (ambos humedales) contribuye a su destrucción y a la desaparición de toda la biodiversidad asociada a ellos. Las plantas carnívoras tienen un nicho ecológico muy específico y estrecho, y debido a sus adaptaciones tan extremas no toleran las modificaciones en el régimen hídrico, en la acidez ni en la cantidad de nutrientes.


Algunas especies enfrentan amenazas inusuales. Por ejemplo, Dionaea muscipula requiere que haya incendios naturales cada 3 a 5 años, cuando menos. La ausencia de incendios favorece la expansión de arbustos y árboles que excluyen competitivamente a esta pequeña planta. Pero además, las semillas que sobreviven en las zonas adyacentes a los incendios se propagan mejor en la ceniza y a pleno sol que en condiciones diferentes. Para que haya semillas es necesario que queden parches no quemados donde hayan sobrevivido las plantas. De modo que es necesaria la preservación de un número crítico de subpoblaciones reproductivas que generen estas semillas. Sin duda, el fuego estuvo presente en el pasado evolutivo de D. muscipula, y favoreció semillas con características de germinación muy particulares. Sin embargo, esta dinámica poblacional tan sofisticada pone en peligro a la especie que ha sido catalogada como Vulnerable (VU) debido a la fragmentación extrema de sus poblaciones. Pero eso no es todo, la extracción ilegal de ejemplares para el cultivo está diezmando las poblaciones. Dionaea muscipula es una especie apreciada como planta de interiores. Su cultivo en invernaderos no ha impedido su extracción ilegal, aunque las penas sean severas. Por si esto fuera poco, también se comercializan extractos de esta planta como medicina alternativa para la cura del cáncer y otras enfermedades, sin que haya pruebas científicas de su efectividad. Para frenar el comercio ilegal, la especie se encuentra incluida en el Apéndice II de CITES.



En el género Drosera, el tercero en número de especies, existe, o existía, una especie que también depende del fuego para mantener sus poblaciones, Drosera allantostigma. Esta planta se considera en Peligro Crítico (CR), posiblemente Extinta. Nativa del oeste de Australia, crece en depresiones arenosas o turbosas húmedas en brezales abiertos. A la perturbación de su hábitat por la agricultura, la ganadería, la construcción y mantenimiento de carreteras, se ha sumado muy probablemente el efecto de la alteración de los ritmos naturales de incendios de vegetación.


Las actividades recreativas en espacios naturales, específicamente la escalada en roca, es una de las principales amenaza para Drosera graniticola (VU), una especie endémica de cinco formaciones graníticas en una localidad en el occidente de Australia. Este es un claro ejemplo de que habitar en una localidad remota y prácticamente intacta tampoco es garantía de preservación, pero no es el único caso. Byblis guehoi (VU), otra especie endémica del occidente de Australia, habita en una zona remota de Kymberley, prácticamente intacta. Sin embargo, probablemente sufre el impacto del ganado asilvestrado, la alteración de los patrones de incendios y la expansión de hierbas invasoras.



Una amenaza importante para algunas especies es el comercio para los coleccionistas y aficionados. Ya mencionamos el caso de Dionaea muscipula, pero esta no es la única especie extraída por su valor ornamental, como control natural de insectos o con fines medicinales. Utricularia cecilii (VU), oriunda de Karnataka (India), podría llegar a estar amenazada también por la recolección de sus flores; ya sufre el impacto del desarrollo urbanístico. Varias especies de Utricularia ya se cultivan y comercian porque sus flores se asemejan a las de las orquídeas y las bocas de dragón (Anthirrinium).



Algunas plantas carnívoras son utilizadas en la medicina tradicional, y aunque su uso para estos fines no es en ningún caso la principal amenaza, ciertamente contribuye a incrementar el peligro para algunas de ellas. Pinguicula alpina (LC) ha sido utilizada para aliviar diversas afecciones, desde el dolor de estómago hasta la ciática y los problemas respiratorios. Drosera rotundifolia (LC) es sin duda una de las especies carnívoras más utilizadas en la medicina tradicional a nivel mundial para tratar problemas respiratorios. Su amplia distribución es sin duda una de sus ventajas ante la extinción, pero a nivel local ya se han documentado disminuciones importantes en sus poblaciones. En algunos estados de los Estados Unidos se la ha catalogado como en peligro crítico, en peligro o vulnerable. Aunque no se han certificado las causas de esta situación local, no se puede descartar el efecto de la extracción ilegal con fines medicinales, hortícolas y ornamentales.


Por más que resulte sorprendente, ya existe un mercado, local en la mayoría de los casos, para algunas especies de plantas carnívoras como plantas de interiores. Una moda más que podría tener consecuencias nefastas si los consumidores fijan su interés en especies endémicas o ya amenazadas por otras causas. Sin duda, ser un depredador vegetal no protege a las plantas carnívoras de los efectos de las actividades humanas.


Terminamos este post con una pregunta ingenua que se repite en internet: ¿qué hago si me encuentro con una planta carnívora? La respuesta es simple: disfruta la vista y déjala donde la encontraste. A menos que te encuentres en la isla de King Kong, no corres ningún peligro; no te morderá (las plantas carnívoras no muerden), no extenderá tentáculos hacia ti, ni te engullirá. Ni siquiera las ánforas más grandes pueden contenerte.


Autora: Zaida Tárano Miranda (Colaboradora Provita Internacional).


Créditos fotos:

Drosera anglica, Noah Elhardt en Wikimedia Commons

Nepenthes sp. David Clode en Unsplash

Vesículas de Utricularia vulgaris, Len Worthington en Wikimedia Commons

Pinguicula antarctica, Josecarve en Wikimedia Commons

Dionaea muscipula, David J. Stang en Wikimedia Commons

Drosera rotundifolia, Sarkan47 en Wikimedia Commons

Flores de Utricularia vulgaris, Len Worthington en Wikimedia Commons

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