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Atrapados entre un plástico y otro


Los seres humanos estamos comenzando a entender que nuestras acciones tienen efectos globales y, a veces, irreversibles, que se amplifican con el paso del tiempo. Desconocemos si los humanos que nos precedieron se percataron de ello también o, si por ser menos y poseer de tecnologías menos perturbadoras, el efecto de sus actos les pasó desapercibido. Lo cierto es que nosotros, ahora, por más que cerremos los ojos no podemos ocultar lo evidente. Si el leve aleteo de una mariposa en la selva Amazónica puede tener consecuencias y alterar el curso de la historia mucho más allá de los límites de la selva, cuánto más lo harán los sacudones que nuestra actividad diaria produce en nuestro entorno, y en todas partes del globo.


Parece que estamos condenados a cometer un error tras otro o, que cuando menos, lo que hacemos para intentar mitigar las consecuencias de un error previo genera otras iguales o peores. Atrapados como Evan Treborn (Efecto Mariposa I) en un ciclo sin fin que, para él, solo terminó con su salida del reparto de la historia. ¿Por qué comienza esta nota con estas reflexiones un tanto catastrofistas? Ahora lo veremos.


Un trabajo científico arbitrado que acaba de publicarse en el Journal of Hazardous Materials (Revista de Materiales Peligrosos) ha encontrado evidencias de que las bolsas de plástico compostable (bioplástico) son más tóxicas que las de plástico convencional (virgen y reciclado). La investigación ha sido realizada por un equipo del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en España.


Las bolsas compostables y las de plástico reciclado aparecieron en el mercado para darnos un respiro ante la catástrofe ambiental generada por el uso ubicuo del plástico y su posterior desecho inapropiado. Sin embargo, sabemos que ninguna de las soluciones está cerca de ser “perfecta”, si bien no imaginábamos que la solución podía ser, potencialmente, tan mala como la enfermedad.


En el estudio citado, los investigadores analizaron la respuesta tóxica de cultivos de células del pez cebra (Poeciliopsis lucida) a extractos de bolsas de plástico compostable (bioplástico) y convencional. Midieron la respuesta tóxica a través de la supervivencia (viabilidad) de las células del cultivo. Para su sorpresa, los extractos de bioplástico redujeron la viabilidad de las células en un 70% después de 24 horas de exposición. Además, la toxicidad de los extractos fue mayor cuando el bioplástico estaba fotodegradado (expuesto a radiación UV) o había sido compostado. Los extractos de plástico convencional, en cambio, no afectaron significativamente la viabilidad de las células.


En el estudio también determinaron la presencia de sustancias inductoras de una enzima (CYP1A) celular que puede generar sustancias cancerígenas a partir de algunos hidrocarburos aromáticos policíclicos, y la presencia de sustancias genotóxicas. En este caso, los plásticos reciclados fueron los protagonistas, con mayor actividad de la enzima y mayor genotoxicidad que los bioplásticos y los plásticos vírgenes, especialmente después de la fotodegradación. Pero, los bioplasticos compostados no salieron ilesos de las pruebas de actividad enzimática, ya que los compostados durante al menos 60 días mostraron incrementos en la actividad. Salimos de una charco para caer en otro.


Al final, ¿qué significa toda esta perorata de términos extraños? Pues que en la producción de los bioplásticos y de los plásticos reciclados se utilizan aditivos potencialmente dañinos para el ambiente y para los seres vivos, nosotros incluidos por supuesto. No pretendemos insinuar que es mejor volver a los plásticos convencionales sino llamar la atención sobre la necesidad de mejorar los procesos de reciclaje y ser mucho más cuidadosos en la producción de bioplásticos compostables. Todavía es pronto para especular sobre el efecto que podrá tener la liberación de sustancias tóxicas durante el proceso de compostaje de los bioplásticos. ¿Podrán afectar a los organismos que viven en el suelo? ¿Podrán llegar a los acuíferos y contaminar el agua que consumimos? ¿Qué niveles de exposición a esos compuestos podrán tener efectos mutagénicos en los humanos? Lo que sí sabemos es que es necesario desarrollar y utilizar aditivos más seguros. Lamentablemente, por ahora, que los bioplásticos puedan ser o no una solución al problema de la contaminación por plásticos es un asunto sin resolver.


Créditos foto:

Gusanitos para empacar de bioplástico por Christian Gahle via Wikimedia Commons


Autora:

Zaida Tárano Miranda

Divulgadora Científica

Colaboradora Provita Internacional

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