Futuro incierto para la rana del Loa


Los anfibios son los vertebrados más amenazados de extinción a nivel mundial. Menos emblemáticos que otros animales y también menos apreciados, los anfibios enfrentan un futuro incierto a consecuencia de una miríada de factores. La alteración del hábitat, el calentamiento global y la quitridiomicosis, una enfermedad emergente, son las principales amenazas para todas las especies. Si a esto sumamos el endemismo, tenemos un cóctel letal. Este es el escenario para la rana del Loa (Telmatobius dankoi), un anfibio endémico de los arroyos alto andinos de la cuenca media del río Loa, a unos 2200 metros de altitud, específicamente del sector La Cascada, al oeste de la población de Calama en el desierto de Atacama (Antofagasta, Chile).


Tan increíble como pueda parecer, la rana del Loa fue descrita como especie hace solo dos décadas, en 1999, pero desde 2015 lleva sobre sí el peso de estar catalogada en riesgo crítico (CR) por la UICN, y ser el vertebrado más amenazado de extinción en Chile. La rana del Loa es relativamente pequeña (aproximadamente 5 cm de longitud) y poco vistosa, de color marrón y piel brillante con espinas muy pequeñas en la cabeza, patas, flancos y el tercio posterior del dorso. Los machos, además, poseen una espina nupcial en la cara interna de cada muñeca con la que sujetan a las hembras por las axilas durante el abrazo reproductivo o amplexo.


El hábitat en tensión


Las aguas del sector de La Cascada están afectadas por la polución debida a las actividades mineras, principalmente la explotación de cobre a cielo abierto, lo que pone en peligro a todas las especies que dependen de ellas. Las ranas, por su piel permeable, son especialmente susceptibles a la contaminación. Pero la extracción del agua de los arroyos y acuíferos para la agricultura, la expansión urbana y las actividades recreativas en los alrededores de Calama están dejando sin hogar a la rana de Loa. Como es de esperar, el agua es un recurso extremadamente escaso en toda la región de Atacama. Aunque su uso está normado para evitar la sobre explotación de los acuíferos, a veces la norma queda en letra muerta por falta de vigilancia. De hecho, desde 2017, los arroyos se secan o tienen un flujo de agua muy bajo, por lo cual, las pozas que sirven de hábitat a la rana del Loa no se forman o solo tienen aguas estancadas no aptas para su supervivencia.


La población en peligro crítico


En 2016, un grupo de científicos y voluntarios realizó un sondeo poblacional en la vertiente de La Cascada y encontró unos 600 ejemplares. Tres años después, en 2019, el mismo equipo, junto con líderes indígenas locales y funcionarios gubernamentales, realizó un rescate de emergencia en la misma zona. Para su sorpresa, solo hallaron 60 individuos (10% de la población previa), 14 de ellos en condición física precaria, en una poza prácticamente seca. Estos 14 individuos se llevaron al Centro de Conservación del Zoológico Nacional de Chile para su cuidado, y los restantes se liberaron en la poza Ojo de Opache, un lugar con condiciones similares a las de la localidad habitual de la especie. En octubre de 2020, tras haber recuperado su condición física, los individuos rescatados se reprodujeron en cautiverio y dieron vida a 200 crías viables. El éxito de la reproducción ex situ ha sido celebrado por los conservacionistas y los científicos, pero debe tomarse con mesura. La especie no podrá sobrevivir si su ambiente natural no es recuperado y preservado. La realidad es que, por ahora, esos nuevos individuos no tienen un lugar seguro donde ser liberados.


Restaurar el hábitat natural: un proyecto con muchos obstáculos


La vertiente de La Cascada se encuentra en un terreno privado, cercado desde 2019, lo que ha impedido realizar nuevos sondeos poblacionales. Además, en el sector se han construido cabañas y un balneario, y es el sitio de operación de una empresa minera que utiliza el agua de los acuíferos y arroyos. El conflicto entre las actividades antrópicas y la conservación del agua y de la biodiversidad que depende de ella es evidente. La vertiente ha sido intervenida a tal escala que es difícil predecir si podrá garantizarse, en el corto plazo, un flujo de agua suficiente para mantener los arroyos que son vitales para la rana del Loa. Una vez más, el afán expansionista del hombre colide con las necesidades humildes de una especie silvestre que solo necesita un arroyo de agua clara, en las tierras altas andinas del desierto de Atacama, para sobrevivir. Como una medida paliativa, se ha propuesto la creación de un santuario de naturaleza en Ojo de Opache donde fueron liberados los individuos rescatados de La Cascada. El objetivo del santuario es proteger no solo a la rana del Loa sino también al pejerrey del Loa (Basilichthys semotilus), un pez endémico de la región cuyo estado poblacional no está claro.


Lo cierto es que por más alegría que pueda darnos el éxito de la reproducción ex situ, nadie puede asegurar hoy que la rana del Loa superará la crisis poblacional y ambiental que enfrenta. La idea no es tenerla en exhibición en los zoológicos y mucho menos en los museos de historia natural, sino escucharla croar en su arroyo originario por muchos lustros más.


Créditos:

Autora: Zaida Tárano Miranda (Colaboradora Provita Internacional)

Foto: Andrés Charrier (https://laderasur.com/content/uploads/2020/12/ranita-del-loa-terreno-en-su-habitat-candres-charrier-1.jpg)

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