Día Internacional del Oso Polar: ¿algo que celebrar?



El 27 de febrero se conmemoró el Día Internacional del Oso Polar, Ursus maritimus (Ursidae), el único súper depredador del Ártico, y una especie más en la larga lista de especies en peligro de extinción de la UICN, donde aparece como vulnerable (VU). Sus poblaciones han disminuido más de 30% en los últimos 45 años y algunos científicos alertan que podrían desaparecer para el 2100. Se estima que solo quedan entre 20.000 y 30.000 mil ejemplares en vida silvestre, 60% de los cuales están en las subpoblaciones de Canadá. Por esto, el Día Internacional del Oso Polar tiene por objetivo sensibilizar e incentivar acciones a todos los niveles para su conservación.


Amenazas para su supervivencia


La amenaza más evidente para la supervivencia del oso polar es el deshielo del Ártico, producto del calentamiento global del planeta. El calentamiento no está haciendo que los osos mueran de calor sino de hambre. Los osos dependen de las placas de hielo para desplazarse y encontrar su alimento, especialmente a las focas. Sin hielo no hay caza y sin caza no hay reservas para el verano y el otoño, cuando las presas son más difíciles de encontrar o capturar. Esto es especialmente crucial para las osas preñadas y lactantes que pasan entre seis y ocho meses en madrigueras, también llamadas nidos de crianza. Durante este periodo, la supervivencia de la madre y de los oseznos depende de las reservas de grasa que ella haya logrado acumular en el invierno. Pero además, la falta de alimento también disminuye la fertilidad de las osas, algo crucial para la recuperación de las poblaciones.


Lamentablemente, el deshielo no está solo entre los peligros para el oso polar. La expansión industrial hacia el Ártico, especialmente la explotación petrolera, está trastornando la crianza de los cachorros. Las hembras abandonan la madriguera ante cualquier perturbación y los oseznos que aún no hayan completado su maduración mueren. Aunque se han diseñado instrumentos para detectar los nidos y evitar perturbarlos, estos solo descubren la mitad de los que hay realmente. En conjunto, se estima que la falta de alimento y la perturbación de las camadas pueden resultar en la muerte de 50% de las crías. La UICN añade otras amenazas: el desarrollo residencial y comercial, el turismo y las actividades recreativas, las nuevas rutas de navegación en el Ártico, los incendios en tierra firme y las acciones de extinción, la cacería ilegal, las especies invasoras, las enfermedades emergentes y la contaminación por efluentes industriales, agrícolas y miliares. Todo indica que el oso polar está siendo acorralado cada día más por las actividades del ser humano.


Paradójicamente, la presión sobre las poblaciones de osos está dando un giro a su relación con los humanos. En la actualidad, el deshielo primaveral ocurre tres o cuatro semanas antes que hace cuatro décadas, lo que adelanta la retirada de los osos al sur, a tierra firme. Por otra parte, el mar tarda más en congelarse en otoño. Así, los osos pasan más tiempo en tierra firme, y cada vez es más común verlos en zonas pobladas donde saquean los contenedores de basura y roban el pescado de los secaderos. En febrero de 2019, la llegada masiva de osos polares a los pueblos del archipiélago de Novaya Zemlya (Rusia) causó alarma en la población. Los osos son animales poderosos que pueden atacar si se sienten amenazados o si están hambrientos.


Acciones para su conservación


La cacería comercial indiscriminada ya había puesto en peligro al oso antes de que el casquete polar comenzara a retroceder. En 1973, cinco naciones, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca (Groenlandia), Noruega y la antigua Unión Soviética, firmaron el Acuerdo Internacional para la Conservación del Oso Polar que puso fin a la cacería comercial y deportiva. En la actualidad, solo se permite la caza con fines de subsistencia a las poblaciones indígenas de Rusia y Estados Unidos, y a los inuit en Canadá. El acuerdo también estableció que las naciones firmantes eran responsables de la protección de las zonas de crianza y de recorrido de los osos. Adicionalmente, desde 1975, el oso polar está incluido en el Apéndice II de CITES. Estados Unidos ha propuesto reiteradamente moverlo al Apéndice I, lo cual prohibiría totalmente su comercio internacional. Aunque la propuesta ha venido ganando respaldos con el tiempo, es rechazada por el resto de los países donde vive el oso polar.


Las acciones para la conservación del oso polar todavía son incipientes. Aún no se ha concretado un plan global de recuperación para la especie, y solo se cuenta con acciones locales que varían de una nación a otra. Entre ellas está la creación de la Reserva Natural de la Isla de Wrangel (Rusia), conocida como el vivero de los osos polares. También se han identificado algunas áreas para la protección de los corredores de desplazamiento y de las zonas de crianza. Específicamente, la WWF impulsa la creación de la Reserva Nacional de Vida Silvestre del Paso Polar en el Ártico de Canadá y el Parque Ártico Ruso en el norte de Novaya Zemlya.


Peligro o esperanza


En los últimos 10 años se han certificado varios casos de hibridación natural fértil entre el oso polar y el oso pardo americano (Ursus arctos). Este hallazgo ha generado todo tipo de reacciones en la comunidad científica. Unos lo ven como una amenaza que favorecerá la extinción del oso polar, mientras que otros consideran que podría ser aprovechado para investigar la reproducción in vitro de la especie. Ambas especies son muy similares genéticamente y se ha sugerido que el oso polar pudo originarse a partir de una población aislada de oso pardo que divergió durante las glaciaciones del Pleistoceno. En las condiciones actuales, con el oso polar pasando más tiempo en tierra firme, esta compatibilidad genética es sin duda un arma de doble filo, mucho más peligrosa para el congénere blanco que para el pardo.


Pero no todo son malas noticias. El informe del Grupo de Especialistas en el Oso Polar de la UICN, publicado en 2019, indica que cinco subpoblaciones se mantienen estables y dos han incrementado ligeramente. Sin embargo, en 4 subpoblaciones ha habido descensos y para ocho no se tiene información suficiente. En los últimos años se han propuesto algunas acciones desesperadas para ayudar a los osos, como el suministro de alimento desde el aire, y se han ensayado métodos de disuasión no letal para evitar las incursiones en las zonas pobladas y reducir el conflicto con las personas. Aunque ambas son muestras del interés por la especie, no dejan de ser pañitos fríos en una situación grave. La mejor manera de proteger a los osos polares es evitar la reducción del casquete polar y el deshielo temprano. Con todo, por ahora, no parece que podamos celebrar el Día Internacional del Oso Polar con bombos y platillos.



Autora: Zaida Tárano Miranda (Colaboradora Provita Internacional)

Crédito imagen superior: Margo Tanenbaum en Pixabay https://pixabay.com/es/users/mtanenbaum-7946781/

Crédito imagen inferior: Gerhard G. en Pixabay https://pixabay.com/es/photos/oso-polar-osos-

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