Redescubrir especies entraña nuevos desafíos

Usamos la expresión “redescubrir” para referirnos al encuentro con una especie que no se había avistado durante mucho tiempo, típicamente varias décadas, y que se pensaba extinta. Ciertamente, un redescubrimiento es motivo de celebración para los especialistas en ese taxón, para las personas dedicadas a la conservación y para los amantes de la naturaleza en general. Sin embargo, todo puede tener su lado oscuro, y esto también.


Reencontrarse con una especie suscita algunas preguntas. ¿Por qué no se ha visto la especie en tanto tiempo? ¿Es por sus hábitos conspicuos? ¿Se trata de una especie que naturalmente tiene un tamaño poblacional bajo? ¿Será una especie con un endemismo extremo? ¿Ha estado o está sometida a alguna amenaza a su supervivencia? ¿Su hábitat ha sido perturbado o han sido sobreexplotadas sus poblaciones? También surgen interrogantes sobre el impacto que podrá tener su redescubrimiento. Esto se debe a que ciertas especies poco frecuentes resultan especialmente atractivas para ciertos públicos. Así comenzamos nuestro recorrido por los claros y los oscuros del redescubrimiento de especies.


El afán por coleccionar especies singulares


Uno de los hobbies asociados a la naturaleza es la colección de ejemplares de las más diversas especies de animales y plantas, o de sus partes, por ejemplo, flores, semillas, dientes o plumas. La colección de especies no solo es una actividad personal sino que conlleva un comercio, legal e ilegal, muy jugoso. Las especies apreciadas por los coleccionistas se vuelven más valiosas a medida que escasean, y cada pieza ve incrementado su precio conforme se acerca el fin. Esto, paradójicamente estimula aún más su extracción, a expensas de su desaparición. Por esta razón, muchos científicos se muestran reticentes a anunciar con bombos y platillos el redescubrimiento de algunas especies.


Entre los animales, sin duda los insectos son uno de los grupos más apreciados por los coleccionistas. Las razones para este gusto son diversas, desde la vistosidad de algunos grupos como las mariposas, hasta la relativa facilidad del mantenimiento de los especímenes preservados. Con salvadas excepciones, los ejemplares son de tamaño “moderado” por lo que no requieren grandes espacios para su almacenaje y exhibición. Además, la preservación misma, la taxidermia, es relativamente sencilla si se la compara con la de otros grupos animales. Quienes hemos tenido que preparar un espécimen de ave o mamífero para su exhibición o colección, lo sabemos bien.


Entre los insectos, los escarabajos y las mariposas son los grupos más coleccionados y coleccionables. Hace 10 años fue redescubierto un escarabajo ciervo, Sclerostomulus nitidus, endémico del Cerro Poqui (Chile), después de 60 años sin observaciones. Este insecto es uno entre muchos otros animales que solo se observan cuando son colectados para su descripción y, después, simplemente se los traga la tierra. Sclerostomulus nitidus es un escarabajo apreciado por los coleccionistas, aunque no destaca por su tamaño (entre 11 y 13 mm de largo) ni por su color (marrón oscuro a negro brillante); sus cuernos no son para nada prominentes, y tampoco puede volar, cosa que no importa mucho en un ejemplar preservado. Lo único que parece interesante es precisamente su escasez. Después de su redescubrimiento, entre 2013 y 2018, se evidenció un declive de casi 93% en la única población de la especie. Se estimó que de mantener ese ritmo estaría extinto para 2030.


El descenso abrupto de la población hizo saltar las alarmas de los especialistas en este grupo. En el campo, se observó la extracción de ejemplares. Luego, se encontraron evidencias de tráfico ilegal de ejemplares vía internet. La conclusión fue directa: el redescubrimiento de la especie estimuló el tráfico ilegal y hoy amenaza a su conservación. La extracción trae aparejada la modificación del hábitat de la especie. Los adultos colocan los huevos en los troncos muertos de varias especies de árboles, donde se desarrollan las larvas. Para obtenerlas, los furtivos destrozan los troncos y con ello afectan la disponibilidad de este recurso vital para el escarabajo, un recurso de por sí escaso. Por extraño que parezca, el estado de la especie no ha sido evaluado por la UICN, pero a nivel nacional se la considera ya en peligro crítico (Ministerio del Ambiente de Chile).


Pros y peligros de la ciencia ciudadana en el redescubrimiento de especies


El redescubrimiento de otro escarabajo, Scarabaeus sevoistra, es un ejemplo del valor de la ciencia ciudadana y también de sus peligros en un mundo tumultuoso. El primer ejemplar de la especie fue colectado en Madagascar entre 1898 y 1900; la descripción se publicó en 1902. Durante más de 80 años no se volvió a observar en el campo y la especie se consideraba probablemente extinta. Sin embargo, recientemente, unas fotos colocadas en la web iNaturalist llamaron la atención de algunos especialistas. Al comparar las fotos con el holotipo de la especie certificaron sin lugar a dudas que se trataba de S. sevoistra. La información que adjuntan quienes toman las fotos también permitió confirmar que se trata de una especie estercolera. Además, se descubrió que el macho y la hembra colaboran en hacer las bolitas, que éstas son esféricas y que las enrollan empujando de retroceso. Todas las fotos muestran suelos arenosos y fueron tomadas en una ecorregión particular, lo que sugiere que ese es su tipo de hábitat preferido. No se han encontrado evidencias de que la especie se extraiga para el comercio ilegal destinado a coleccionistas. Sin embargo, algunos ejemplares de una especie similar y escasa, S. cancer, se han vendido en el mercado de insectos. Para prevenir que S. sevoistra corra la misma suerte que su congénere, los autores del trabajo han iniciado algunas medidas de protección. Un ejemplo más del carácter agridulce del redescubrimiento de especies.



La ciencia ciudadana ha permitido redescubrir muchas especies en la última década, no solo a través de plataformas especializadas como iNaturalist sino también a través de las redes sociales. En el caso de la polilla diablillo, Tipulodes annae, también Facebook ha contribuido a obtener información. El ejemplar que permitió describir la especie permaneció arrinconado en un cajón de la colección del Museo de Historia Natural de Londres durante casi 80 años; fue colectado en 1924 y descrito en 2003. Desde entonces no se había reportado ningún avistamiento, y se consideraba extinta. El hecho que ningún otro entomólogo la hubiera colectado y descrito antes contribuía a mantener la sospecha. Sin embargo, el aporte de los científicos ciudadanos (4 reportes a través de Faceboook y 2 vía iNaturalist) permitió detectar la especie en varias localidades de Colombia y de Panamá, donde nunca se había reportado la presencia del género. Adicionalmente, la plataforma GBIF (Global Biodiversity Information Facility) permitió localizar dos ejemplares más en la Colección Entomológica del Museo de Mississippi.



Aunque la información que puede aportar la ciencia ciudadana es sesgada porque tiende a sobre representar la ocurrencia de especies cerca de asentamientos humanos o en sitios de fácil acceso, también permite estimar la tolerancia de algunas de ellas a la presencia humana. En el caso de esta polilla, el aporte ciudadano sugiere que la falta de reportes de la especie en entornos naturales probablemente se deba a su tamaño diminuto. Hasta donde sabemos, haber redescubierto la polilla diablillo solo ha traído satisfacción. Nadie parece estar interesado en coleccionarla o en darle algún otro uso a este insecto tan singular. Solo el tiempo dirá cuan tolerante puede ser a las perturbaciones antrópicas.


Probablemente extinta pero común en los acuarios


Entre las plantas tenemos algunas verdaderas paradojas poblacionales. Por ejemplo, la estaurogina, Staurogyne repens, es una planta acuática muy frondosa nativa de Brasil y Guyana, muy popular en el arreglo estético de acuarios. Se cultiva ampliamente para su comercialización y abundan los clones. Sin embargo, está prácticamente ausente en las colecciones botánicas. El ejemplar más reciente fue colectado en 1907. Unas 7 de las 28 especies endémicas del género están incluidas en la Lista Oficial Nacional de Especies Amenazadas de Brasil. La ausencia de ejemplares en el campo y la abundancia de clones en los cultivos llevaron a la paradoja de catalogar a la especie como extinta y existente a la vez. Afortunadamente, en 2021 y después de 115 años sin observaciones naturales de la especie, se encontraron dos ejemplares durante una expedición al Cerrado de Maranhão. Casi al mismo tiempo, en una web de taxónomos y aficionados a las plantas aparecieron dos fotografías de una planta muy similar provenientes de un rio de Mato Grosso. Los hallazgos han sido recibidos con esperanza por los especialistas a la vez que han permitido ampliar el área de distribución probable de la especie. Es pronto para saber si este redescubrimiento esconde nuevos peligros para esta pequeña planta.



Dos cangrejos perdidos en un bosque en guerra


En los bosques lluviosos de Sierra Leona se han redescubierto dos cangrejos semiterrestres de agua dulce del género Afrithlephusa, ambos en Peligro Crítico (CR). Afrithlephusa afzelli se colectó por primera vez en 1796 en la porción occidental del bosque lluvioso de Alta Guinea en África occidental. A falta de observaciones posteriores se la consideró extinta durante más de un siglo. La otra especie, A. leonensis, se descubrió en 1955 en una localidad en las Montañas Sugar Loaf (área protegida) y no volvió a verse. En 2021, ambas especies se colectaron durante una expedición lo que en principio las ha sacado del estatus de probablemente extintas. No obstante, el redescubrimiento tiene su lado amargo. Los bosques lluviosos que ocupan, sus ríos, riachuelos, humedales y tierras bajas aledañas se encuentran sometidas a una gran presión antrópica. Las especies han pasado inmediatamente a la categoría en Peligro Crítico (CR), lo cual no hace más que poner al descubierto la realidad cotidiana y probablemente de larga data de estos pequeños cangrejos. La deforestación, el avance de la frontera agrícola, la contaminación, la depredación humana, la recolección de leña y la inestabilidad política tienen al límite de la supervivencia a ambas especies.


Mamíferos redescubiertos en América


Es razonable pensar que descubrir, perder de vista y redescubrir especies pequeñas, con hábitos que hacen poco probable un nuevo encuentro o con bajo tamaño poblacional es la norma. Ciertamente estas características hacen más probables los redescubrimientos, pero no siempre es así. También se redescubren mamíferos de todos los tamaños, aves y reptiles. La liebre de flancos blancos de Tamaulipas, Lepus altamirae, descrita en 1904, apenas fue observada en campo desde entonces. En 2016 y 2021, se observaron varios ejemplares en las tierras bajas de la Huasteca Potosina, a unos 100 Km del sitio original de registro. En el caso de esta especie, el cambio de uso de la tierra a cultivos de herbáceas para pastoreo puede haber facilitado los avistamientos. Si este cambio favorecerá a las poblaciones de la liebre de flancos blancos o si terminará siendo una amenaza está por verse. Las liebres, en general, tienen alto valor ecológico, social y económico pero se sabe muy poco de su dinámica poblacional. La presencia de la liebre de flancos blancos en áreas de pastizales podría resultar contraproducente a la larga. Solo el tiempo lo dirá.


Algunas especies tienen la mala fortuna de habitar en zonas de conflicto político o civil, lo que representa una amenaza considerable para su existencia. La presencia del felino más grande de Sur y Centro América, el jaguar (Panthera onca) no había sido certificada en el valle medio del Río Magdalena durante los últimos 20 años. La región ha sido escenario de conflictos sociales y civiles durante varias décadas. Esto no solo ha hecho muy arriesgada cualquier expedición biológica a la zona sino que ha sometido a la flora y fauna silvestres a una presión considerable. Muchas especies se convierten en fuentes de alimento de subsistencia y todas se ven afectadas por el deterioro de su hábitat (deforestación, expansión de la frontera agrícola y pastoreo). En el valle medio del Magdalena ya ha desaparecido la mayor parte del bosque original, y el que queda está severamente fragmentado y aislado. Los mamíferos de tamaño mediano o grande, como el jaguar (NT, Casi Amenazado), requieren áreas de vivienda grandes, y su supervivencia depende de la presencia de parches extensos de hábitat. Haber encontrado al jaguar y a cuatro especies endémicas de primates en peligro ((Ateles hybridus (CR), Saguinus leucopus (VU), Cebus versicolor (EN), y Aotus griseimembra (VU)) es una gran noticia para la ciencia. Sin embargo, el descubrimiento no está exento de inquietudes, pues el reto ahora es determinar la viabilidad de las poblaciones y diseñar estrategias para conservar a una de las especies más icónicas de América Latina.



Saber o no saber, he ahí el dilema


Redescubrir especies es importante por muchas razones. Por mencionar solo dos, permite establecer correctamente el estado de conservación de la especie, y proporciona información para evaluar las políticas de conservación de las especies y sus ecosistemas. El evento, sin embargo, no está exento de sinsabores. Podemos redescubrir una especie para darnos cuenta que es más común de lo que pensábamos o que su distribución es más extensa, o para conocer algunos aspectos de su historia natural. A veces, redescubrir una especie es el inicio de un pequeño calvario; la especie puede llamar la atención de coleccionistas o podemos percatarnos de que su futuro está severamente amenazado. Podríamos usar una frase del argot popular para calificar el proceso de redescubrimiento de algunas especies: una alegría de tísico. Se trataría de una alegría pasajera que se da de manera inesperada y prometedora pero con un desenlace no deseado. El punto de quiebra está en lo que hagamos con ese descubrimiento, y en si todavía queda tiempo para hacerlo. Todo redescubrimiento debe llevarnos a explorar más, conocer más a la especie y esforzarnos más en las acciones de conservación. Para la mayoría de las especies redescubiertas no existen planes de conservación. Muchas se encuentran en ambientes amenazados. La mejor estrategia es siempre apostar por políticas y actividades económicas y sociales que conviven la sostenibilidad y la flexibilidad. Buscar un equilibrio entre las necesidades humanas y sus circunstancias, y la preservación de los recursos limitados de nuestro planeta. Hoy decidimos celebrar el redescubrimiento de especies y aunar esfuerzos para asegurar que seguiremos encontrándolas en el futuro.


Autora: Zaida Tárano Miranda (Colaboradora Provita Internacional).


Créditos fotos:

Scarabeus sevoistra, maxnuraliev en iNaturalist

Tipulodes annae, Fernando Trastamara, en Wikimedia Commons

Staurogyne repens en un acuario, 호로조 en Wikimedia Commons

Panthera onca, Charles J. Sharp, en Wikimedia Commons

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