Nueva especie para la ciencia


Una especie nueva de lagartija de la Serranía del Cuao en la Guayana venezolana


La Serranía del Cuao, localizada en noroeste del estado Amazonas, es una de muchas zonas de la Guayana venezolana que permanecen prácticamente vírgenes para la ciencia. A su belleza paisajística, derivada de sus escarpadas laderas, vegetación exuberante, incontables cursos de agua y una sempiterna corona de nieblas, se suma su riqueza biológica, aún por descubrir. En lo que va del siglo XXI, la Serranía del Cuao ha regalado a la ciencia una especie de anfibio (Anomaloglossus wothuja), algunos invertebrados y varias especies de flora. Sin embargo, la zona está básicamente inexplorada.



Una lagartija singular


En esta ocasión celebramos el descubrimiento de una especie nueva de lagartija que ha sido bautizada como Kataphraktosaurus ungerhamiltoni, un nombre extraordinario para un animalito muy pequeño y singular. El nombre Kataphraktosaurus se deriva de las palabras griegas kataphrakto que se empleaba antiguamente para referirse a la caballería acorazada, y saurus que significa lagarto. Este nombre describe muy bien una de las características más llamativas de esta lagartija: la presencia de crestas simétricas en dorso del cuerpo y la cola que le dan un aspecto regio. Las crestas se deben a la presencia de escamas dorsales heterogéneas, unas pequeñas, granulares y planas, y otras grandes, espiniformes y alineadas.


Kataphraktosaurus ungerhamiltoni es una lagartija relativamente pequeña, de unos 13,4 cm de longitud, de los que 8,5 cm corresponden a la cola. La cola es ligeramente comprimida, el hocico es apuntado y los ojos son pequeños, con el iris cobrizo. Desde el punto de vista filogenético, esta lagartija pertenece a un linaje único y distante de los de otras especies de la familia Gymnophthalmidae, una de las más diversas de lagartos neotropicales. Tiene un fenotipo cocodriloide ligeramente similar al de las especies de otros siete géneros de la subfamilia Cercosaurinae. Estos géneros se encuentran en Centroamérica, la región del Chocó y las tierras medias transandinas (géneros Centrosaura, Echinosaura y Magdalenasaura); en las laderas cisandinas y Amazonía (géneros Gelanesaurus y Potamites); y en la Guayana (géneros Neusticurus y Rheosaurus).


Todos estos géneros tienen hábitos semiacuáticos, lo que hace suponer que Kataphraktosaurus ungerhamiltoni también los comparte. El único ejemplar colectado que se utilizó para la descripción de la especie estaba durmiendo, de noche, sobre la hojarasca, cerca de un curso de agua secundario, en las inmediaciones del Tobogán del Cuao. El Tobogán es una laja de piedra natural de varias decenas de metros sobre la que corre el Caño Bejuco.



Desde la expedición hasta el bautizo formal


La expedición que permitió descubrir a la lagartija se realizó en julio de 2010, como parte del Programa Permanente de Inventario Nacional de Flora y Fauna que desarrolla el Museo de Historia Natural La Salle (MHNLS) de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales de Venezuela. En ella participaron Santiago Castroviejo-Fisher (American Museum of Natural History), Cesar Barrio-Amorós (Fundación Andígena) y Fernando J. M. Rojas-Runjaic (MHNLS). En países megadiversos pero poco explorados como Venezuela, este tipo de expedición busca incrementar el conocimiento de la biodiversidad y fomentar la conservación.


El ejemplar de la lagartija fue encontrado por César Barrio-Amorós durante un recorrido nocturno, y desde el primer momento, todos los miembros del equipo se dieron cuenta que era muy diferente a todas las lagartijas conocidas de su familia. Lo que no anticipaban era que incluso requeriría crear un género nuevo para clasificarla. Inicialmente pensaron que era una especie nueva pero de un género ya descrito, Echinosaura.


Describir una especie nueva es un proceso largo que puede tomar hasta una década, desde que el ejemplar es colectado en el campo hasta que se acepta la descripción en una revista arbitrada por expertos. Cuando finaliza una expedición, cada miembro del equipo retorna a sus labores habituales, y los ejemplares colectados pasan mucho tiempo en los anaqueles, hasta ser descritos y clasificados. Este tiempo de espera se conoce como vida de armario (shelf life, en inglés). En el caso de la lagartija espinosa del Cuao, la vida en el armario fue de casi 11 años.


La descripción se realiza en varias etapas. Cuando se colecta un ejemplar con el que no se está familiarizado, el primer paso es compilar y analizar la literatura especializada en el género o la familia a la que se presume que pertenece el ejemplar. Luego, se describe la morfología y la morfometría del ejemplar, y se analizan las características moleculares. Con esos datos se hacen análisis estadísticos y filogenéticos, y se comparan con lo que está publicado para otras especies del grupo. Si se certifica que se trata de una especie nueva, se inicia el proceso de redacción del manuscrito y se preparan las imágenes que acompañan a la descripción. Una vez listo, se envía a una revista especializada y comienza el proceso de revisión por pares. Para las especies nuevas, la revisión es muy laboriosa y delicada, y por tanto, muy lenta para la ansiedad y las expectativas de los autores de la investigación. Luego, se realizan correcciones al manuscrito, según las observaciones de los evaluadores, y se reenvía para la segunda revisión y así hasta que es aprobado. Una vez aprobado, se debe esperar hasta que la revista lo publique. Un camino muy largo hasta llegar a la meta.


Más ranas y escorpiones


La expedición de 2010 también permitió encontrar en Cuao una especie de sapito miniatura, Amazophrynella minuta, anteriormente clasificado en el género Atelopus, que hasta entonces solo se había reportado para Brasil y Colombia. Otras dos especies están en proceso de descripción: una especie nueva de ranita niñera o cohete del género Allobates, y un sapito picudo que se presumía pertenecía a Synapturanus salseri (ya reportado para la región) pero que ahora, la evidencia filogenética indica que en realidad corresponde a una especie no descrita.


Además del lagarto y los anfibios nuevos para la ciencia, también fueron colectados algunos escorpiones. De estos, uno resultó en una especie nueva para la ciencia (nombrada en 2013 como Megachactops kuemoi) y otra (Chactopsoides anduzei), descrita y clasificada con anterioridad como Chactopsis anduzei, fue registrada por primera vez en la región. Ambas especies requirieron la creación de géneros nuevos luego de ser inferidas sus relaciones evolutivas. Con estos descubrimientos, Venezuela mantiene el segundo lugar a nivel mundial en diversidad de escorpiones, después de México.



Sabemos que la Serranía de Cuao esconde todavía muchos tesoros biológicos que esperan ser descubiertos. Conocer la biodiversidad de una región es fundamental para tomar decisiones, y planificar las acciones para su conservación y aprovechamiento racional. Además, conocer las formas de vida que pueblan nuestro planeta aumenta nuestra oportunidad para apreciar la singularidad y extraordinaria belleza de este diminuto punto azul en el Sistema Solar.


Créditos: Zaida Tárano Miranda

Fotos en el orden que aparecen: Kataphraktosaurus ungerhamiltoni, Serranía del Cuao desde el rio Cuao, Tobogán del Cuao y Megachactops kuemoi por Fernando J.M. Rojas-Runjaic

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