Día Mundial de la Educación Ambiental 2022


Para muchas personas, la expresión educación ambiental es sinónimo de cuidar la naturaleza, participar en jornadas de reciclaje, colaborar en actividades de sensibilización o cosas similares. Esta concepción es equívoca o, cuando menos, limitada. Cuando celebramos el Día mundial de la Educación ambiental debemos tener muy claro de qué se trata y cuáles son sus objetivos, para no liarla más.


La educación ambiental es ante todo educación. En un sentido amplio, esto significa formación dirigida a desarrollar alguna capacidad intelectual, moral o afectiva en las personas. Pero ¿cómo sabemos que una persona ha recibido esta formación? Solo lo podemos conocer a través de su conducta. Cuando decimos que una persona es “muy educada” o “poco educada” sacamos conclusiones sobre su formación a partir de cómo se comporta.


La educación ambiental es por tanto una formación que busca cambiar las actitudes y los comportamientos humanos hacia su entorno o ambiente. Ese entorno debe entenderse un sentido amplio, no solo en referencia al entorno natural. Por cierto, para 50% de la población mundial que vive en ciudades, el entorno natural no es el más cercano. El entorno o ambiente es todo lo que rodea al ser humano, el espacio donde se desenvuelve y con el que interactúa. La primera línea de ese entorno es el hogar, la vivienda y se extiende, como si se tratase de una serie de círculos concéntricos, al vecindario, el pueblo, la cuidad, la provincia, el país y la región hasta abarcar al planeta entero.


En un sentido amplio, la educación ambiental abarcaría la totalidad de lo que constituye ese espacio en el que hacemos nuestra vida. Aunque tengamos un entorno más cercano y otro más lejano, en última instancia, todo lo que hacemos en casa, el pueblo o el país se sustenta, y a la vez impacta, el entorno natural. Por muy alejada que pueda estar una ciudad del valle en el que se ha construido una represa, depende del agua que esta provee o de la electricidad que allí se genera. Finalmente, nuestra vida en las ciudades extiende sus arterias, y también sus cloacas, hasta los rincones menos pensados del planeta. Por eso, la educación ambiental comienza con el hogar pero incluye todo el planeta. Lo que se enseña y lo que es necesario modificar en la conducta humana dependerá de las realidades ambientales y culturales de cada región, de la manera en que cada sociedad se relaciona con su entorno y del impacto que esa relación genera.



Unas pinceladas de historia


La idea de la necesidad de una educación ambiental se remonta, más o menos formalmente, a la década de los 60 del siglo XX. Entonces, un sector de la sociedad occidental comienza a darse cuenta de que las acciones humanas tienen un impacto, no siempre positivo, en el entorno. Inicialmente, este colectivo estaba formado por profesionales de las ciencias naturales, que comprendieron la necesidad de analizar y modificar la relación hombre-naturaleza que prevalecía en ciertos modelos de desarrollo económico; pero pronto se sumó gente de a pie a este movimiento.


En 1968, la UNESCO organizó la que sería la primera Conferencia Internacional de la Biosfera para conversar sobre el uso racional y la conservación de la biosfera. Allí comenzó a discutirse la necesidad de incorporar la educación ambiental en el sistema educativo formal. Posteriormente, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano que se celebró en Estocolmo (1972) se redacta la Declaración de Estocolmo en la que se contempla la creación de un programa mundial sobre el medio ambiente, con el objetivo de coordinar las acciones para asegurar la protección del entorno. Esta propuesta se concretaría en 1973 con la creación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). En la Conferencia de Estocolmo se enfatizó la importancia de la educación ambiental para lograr la protección del ambiente, y se señaló por primera vez que el medio urbano, el modificado por el hombre, también es medio ambiente.


Tres años después, en 1975, se celebró el Seminario Internacional de Educación Ambiental en Belgrado, con la participación de expertos de más de 70 países. En la Carta de Belgrado se establecieron los principios de la educación ambiental en el marco de los programas de las Naciones Unidas. Ese mismo año, la UNESCO y el PNUMA crearon el Programa Internacional de Educación Ambiental (PIEA). Con este programa se buscaba definir los objetivos de la educación ambiental, examinar sus repercusiones en el sistema educativo, planificar y coordinar la formación del profesorado e incluir un enfoque interdisciplinar en el desarrollo de los proyectos educativos.


A lo largo de las décadas siguientes fueron apareciendo otros conceptos como el de “desarrollo sostenible” (Informe de Brundtland, 1987), y se hizo más patente la necesidad de una educación que nos ayudara a pensar con un enfoque sistémico y global. También en 1987, y después de casi dos décadas de hablar sobre el tema, se celebró el Congreso Internacional de Formación y Educación sobre el Medio Ambiente, en Moscú. Entonces se definió a la educación ambiental como “un proceso permanente en el que los individuos y las comunidades adquieren conciencia de su medio, obtienen conocimientos y aprenden los valores y las destrezas, y tienen la experiencia y también la determinación que les capacita para actuar individual y colectivamente en la resolución de los problemas ambientales presentes y futuros”.


En los 90, la Cumbre de la Tierra o Cumbre de Río de Janeiro (1992) y la Conferencia Internacional sobre Medio Ambiente y Sociedad: Educación y Sensibilización para la Sostenibilidad (Tesalónica 1997) contribuyeron a cerrar el siglo XX con buenas perspectivas para materializar los objetivos de la educación ambiental. La Agenda 21, propuesta en 1989 y firmada durante la Cumbre de Río, es un acuerdo ambicioso, de largo alcance, que sigue vigente.


Tras décadas de esfuerzo, en la actualidad, la educación ambiental forma parte del sistema educativo formal en escuelas, institutos de secundaria y universidades como un eje transversal que busca el desarrollo integral de los estudiantes. La educación ambiental también se imparte fuera del sistema educativo a través de acciones de formación ciudadana a cargo de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. La idea es que todas las personas, con independencia de su nivel de instrucción, puedan verse como protagonistas en el estado de su entorno, como generadores de impacto y como promotores de las soluciones de los problemas ambientales que se derivan de sus acciones.



Un lustro de educación ambiental


El 26 de enero de 2022 se cumplen 50 años de la Declaración de Estocolmo, ocasión que dio origen al Día Mundial de la Educación Ambiental, aunque la declaratoria se formalizara en 1975. Esta efeméride nos sirve para recordar los seis grandes objetivos de la educación ambiental establecidos en la Carta de Belgrado:

  • Tomar conciencia: promover que las personas y los grupos sociales adquieran sensibilidad y conciencia sobre el ambiente y los problemas conexos.

  • Adquirir conocimientos: ayudar a las personas y los grupos sociales a adquirir una comprensión básica del ambiente en su totalidad, sus relaciones, impactos, problemas conexos y de la presencia y función de la humanidad en él, y desarrollar así su sentido de responsabilidad.

  • Cambiar actitudes: ayudar a las personas y los grupos sociales a adquirir valores sociales e interés por el ambiente, que les impulse a participar en su protección y mejoramiento.

  • Desarrollar aptitudes: ayudar a las personas y los grupos sociales a adquirir destrezas para resolver problemas ambientales locales.

  • Desarrollar capacidad de evaluación: ayudar a las personas y a los grupos sociales a evaluar las medidas y los programas de educación ambiental en función de los factores ecológicos, políticos, económicos, sociales, estéticos y educacionales.

  • Fomentar la participación: ayudar a las personas y a los grupos sociales a desarrollar su sentido de responsabilidad y la necesidad de prestar atención a los problemas ambientales para asegurar que se adopten las medidas adecuadas.


En 2022, el objetivo prioritario del Día Mundial de la Educación Ambiental es educar en la sostenibilidad, en el marco de la Agenda 2030. Hoy más que antes se entiende que cuidar el entorno, natural y urbano, y todos los recursos que ofrece la naturaleza es vital para vivir en un planeta saludable y sostenible. Esta necesidad cobra importancia en la medida que observamos cómo aumentan los problemas ambientales derivados del impacto de las acciones humanas sobre la naturaleza.

En el Día Mundial de la Educación Ambiental, especialistas y educadores pueden compartir sus conocimientos con las comunidades a través de actividades didácticas dinamizadoras. Esta experiencia debe iniciar un proceso personal y comunitario que se concretará cuando las personas descubran maneras más respetuosas y menos antropocéntricas de relacionarse con su entorno. Una sociedad que aprenda a relacionarse de modo más horizontal con su entorno lo verá de una manera muy diferente y afrontará problemas ambientales muy distintos a otra que lo haga de un modo más antropocéntrico y vertical.


En este día, los ministerios del ambiente, las ONG conservacionistas, las escuelas, los museos y los zoológicos, las universidades y muchos colectivos desarrollan actividades de divulgación y sensibilización. Estas son el punto de partida de cualquier acción educativa posterior, pues una sociedad no motivada se resistirá a actuar. Desde aquí te invitamos a buscar información de las actividades programadas a nivel local y participar en algunas de ellas. Si eres educador, esta es una buena oportunidad para poner tus conocimientos y creatividad al servicio de tu comunidad y del ambiente. Optes por lo que optes, lo importante es que no dejes pasar este día sin involucrarte. Nada cambiará a nivel global si cada uno de nosotros no lo hace a nivel personal. ¡Feliz Día Mundial de la Educación Ambiental 2022!



Autora: Zaida Tárano Miranda (Colaboradora Provita Internacional).


Créditos fotos:

Planeta azul vía Freepik

Recogiendo basura. Anastasia Gepp via Pixabay

Educación ambiental 1. Jean Pierre Cokelberghs vía Pixabay

Educación ambiental 2. Jean Pierre Cokelberghs vía Pixabay



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