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Réquiem por el caracol George


Foto: George (Achatinella apexfulva). David Sischo/Hawaii Department of Land and Natural Resources)

El Año Nuevo tiene un triste inicio con la muerte del caracol George, el último de su especie. Achatinella apexfulva es el nombre científico de esta especie de caracol endémica de Hawái. Luego de catorce años, una buena y larga vida para un caracol, se despide el último ejemplar conocido, por lo que se considera que su especie esta oficialmente EXTINTA. La División de Silvicultura y Vida Silvestre de Hawái (Estados Unidos de América) fue la agencia encargada de dar este fatídico anunció que el fallecimiento de George sucedio el 4 de diciembre del 2018, convirtiendo a la Achatinella apexfulva en la primera especie extinta conocida del 2019.

Michael G. Hadfield, fundador del programa destinado a proteger a los caracoles en Hawái, informa que a este último caracol lo bautizaron George en honor al Solitario George, una de las tortugas más queridas de las Islas Galápagos y cuya muerte en 2012 también dio fin a su especie.

Estos caracoles eran especialmente abundantes en Hawái y existen documentos del siglo XIX en los que se asegura que en un solo día se podían recolectar hasta 10.000 ejemplares, pertenecientes a las más de 750 especies de caracoles terrestres descritas para las islas hawaianas, uno de los ejemplos más impresionantes de radiación adaptativa en el mundo. En la actualidad, se estima que más del 90% de esta diversidad se ha perdido.

Achatinella apexfulva fue una de las primeras especies de estos caracoles descrita por los científicos. La primera mención se remonta a 1787, cuando el capitán George Dixon atracó en la isla de O'ahu y le dieron una concha en una guirnalda. Estos caracoles solían ser comunes en las montañas Ko'olau de O'ahu, la isla más poblada del archipiélago, y eran muy usados por los locales por su belleza. Su rasgo más llamativo era su punta amarilla.

Por sus hermosas conchas, estos caracoles eran considerados las "joyas del bosque" y tenian gran importancia en el folklore hawaiano, quienes aseguraban que podían cantar. Adicionalmente, estos caracoles tenían una gran importancia ecológica, ya que se alimentaban de los hongos que crecían en los árboles, lo que ayudaba a que la flora de la región estuviera libre de enfermedades.

"Muchas de las especies de caracoles terrestres que quedan en la isla se enfrentan a una extinción inminente", advierten desde el programa, siendo las principales amenazas que los afectan, las especies invasoras y los efectos del cambio climático. En un intento desesperado por salvar a la Achatinella apexfulva, en 1997, los últimos 10 ejemplares sobrevivientes, fueron llevados a un laboratorio de la Universidad de Hawái con el fin de intentar su cría en cautividad. Aunque se logró su reproducción y nacieron unos 20 caracoles, una enfermedad desconocida los fue matando uno a uno hasta dejar solo a George.

El valioso ejemplar vivía solo en un terrario. El biólogo David Sischo, actual director del programa de invertebrados de Hawái, cuenta que a pesar de su nombre George, era hermafrodita, pero desafortunadamente, necesitaba de un compañero para reproducirse. Ante esta situación se decidió conservar muestras de sus tejidos con la esperanza que algún día se posea la tecnología que permita su clonación, algo que actualmente no es posible.

La muerte de George ha tenido un gran impacto local, ya que su pérdida significa mucho para los hawaianos, pero también con su muerte se pierden millones de años de evolución y un genoma único e irrepetible. Adicionalmente, es el símbolo de la drástica disminución de la población de caracoles terrestres y de la maravillosa fauna insular hawaiana, así como de la rápida extinción de especies en todo el mundo.


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